viernes, 30 de marzo de 2007

Ferrol: Proxecto inacabado

Hai século e medio, o 28 de marzo de 1856, a Xunta de Comercio de Ferrol, representada por Domingo Calbo (vicepresidente), Fernando Díaz Noriega, Pablo Perpiñán, Matías Cebreiro, Joaquín Jofre Domenech e José Montero y Aróstegui (vocal secretario) dirixíase ó Ministro de Fomento nestes termos: “Cuando apenas habrá en España pueblo de alguna consideración que no tenga abiertas sus comunicaciones (...) imposible parece que la capital del mejor Departamento naval de España se vea aún aislada y en la más completa incomunicación con el resto de la Península. El Ferrol, Excmo. Señor, sólo puede ser accesible por mar, y su Junta de Comercio no puede menos que llamar su alta atención sobre este estado de abandono, que está reclamando pronto remedio. Las obras de la carretera general que deben ponerle en comunicación directa con la Corte, no presentan toda la actividad que requieren los intereses de este infortunado y sufrido país, para que los pueblos interesados en esa comunicación principien a tocar los beneficios a que son acreedores (...) Según la condición cuarta del pliego formulado en 30 de Abril de 1853, para la contrata de las obras que nos ocupan, debían éstas quedar concluidas y en estado de primera entrega en el plazo de dos años; pero este plazo, Excmo. Señor, ha terminado ya con el exceso que se reconoce, y sin embargo, ni las obras están concluidas ni presentan un estado de adelanto que haga sentir a los pueblos su pronto y feliz término. La Junta que tiene el honor de dirigirse a V.E., ignora las causas que haya habido para que el contratista no hubiese ya cumplido sus compromisos; pero este país, que desde fines del siglo pasado no ha cesado de reclamar sobre la realización de tan vital e interesante asunto, y que tiene hecho tantos sacrificios para esta obra, satisfaciendo crecidas sumas con arbitrios locales que fueron distraídos a otras atenciones, observa con dolor que el estado de los trabajos está muy lejos de corresponder a las justas esperanzas que había concebido, cuando creía cercano el día de que al fin llegasen a ser una verdad los ofrecimientos hechos y los contratos realizados.

La Junta de Comercio del Ferrol (...) tiene que manifestar a V.E. que no es el interés sólo del Ferrol el que media en este asunto, aunque la circunstancia de encerrar en su seno el mejor Arsenal de nuestra Península era un elemento bastante para que no se le viera aislado como el puerto más insignificante, no: es el interés de una grande y olvidada porción del territorio gallego el que le mueve a levantar su voz para recordar el cumplimiento de las ofertas que le fueron hechas y de los contratos realizados: son la agricultura, la industria y el comercio los que reclaman ese elemento de vida que por largos años ha sido objeto de tantas esperanzas y de tantos desengaños. No perdamos de vista, Excmo. Señor, que el puerto de Ferrol, además de los establecimientos oficiales del Estado, encierra en su seno gérmenes de riqueza que pueden desarrollarse en grande escala con la constancia y la fuerza de voluntad que se necesita para todas las empresas: que ya hoy cuenta a la inmediación de sus dilatadas y pintorescas riberas con diferentes establecimientos industriales, como la fábrica nacional de cobrería de Jubia y las particulares de tejidos del Rojal y del Seijo: una de harina, que montada con maquinaria moderna compite ya con las mejores de Castilla, y en fin, con otras fábricas muy establecidas de curtidos y papel, que se desarrollarían con mayor extensión naciendo otras nuevas con los numerosos saltos de agua con que la naturaleza nos está brindando, en el momento en que las vías de comunicación abriesen ancha plaza al desarrollo industrial y a las transacciones mercantiles, cambiando el Ferrol de la vida oficial, y hasta cierto punto efímera que hoy tiene, por otra más activa y permanente (...)”.


Como pode observarse, o ton xeral e os paralelismos que suxire son de máxima actualidade, e aplicados ó día a día estariamos fronte á Praza de España, a intervención no barrio de Recimil, a revitalización socioeconómica e arquitectónica dos barrios da Magdalena e Ferrol Vello, os accesos ó porto exterior, o comezo real das obras (non virtual ou proxectual) dun polígono industrial, a biblioteca pública, a urxente remodelación da Praza de Armas, a inadecuada iluminación urbana, o desleixo cara unas axeitadas estacións de tren e autobuses (ambas a escala “playmóbil”), a depuración das augas residuais que van á ría, a atención permanente ós barrios periféricos, un certo coidado dos espazos públicos emblemáticos, como o Parque Municipal ou o Cantón, e un longo etcétera... Certo é que os presupostos anuais non poden abranguelo todo, pero como entón defender a coherencia da inversión nun minifoxo rodeado de bancos con vistas a un muro; ou o feito de encher non poucas prazas da cidade con esculturas dun mesmo autor e considerábel custo material; ou optar por substituír –cunha présa inexplicábel– pavimentos históricos por outros de baixo rendemento; ou invertir nun –tamén virtual– futuro Patrimonio da Humanidade, en lugar de facelo nun Presente de Calidade...? Pero supoño que diso se trata cando se está a gobernar: tomar partido pola alternativa de gasto que a posesión do poder democrático lexitima.

A pregunta é: ¿faríase o mesmo se a dotación económica saíse do peto de cada quen?

FERROL: PROXECTO INACABADO
PATRIMONIO E SOCIEDADE
Texto: Rosa Méndez Fonte
Especialista en Patrimonio

Nordesía – Diario de Ferrol

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